miércoles, abril 18, 2012

Campo de Cereza

El viaje había sido largo, pocas veces salía de la ciudad y manejaba tantos kilómetros. Esperaba que el sacrificio valiera la pena.

La antigua casona estaba como siempre, entre palmeras y viejos árboles. Se bajó del auto y notó que no había nadie en la casa. La puerta estaba como siempre abierta, sólo la perra policial apareció moviendo lentamente su cola.

El olor a naturaleza la volvía loca, hacía que se sintiera conectada con su interior. Caminó por el sendero que la condujo hasta los árboles de cerezos, la fruta ya estaba madura y después de algunos metros se detuvo y comenzó a comer las cerezas maduras que colgaban por todas partes.

No sintió detrás de ella unos pasos que se acercaron cautelosos.

Rod la tomó por la cintura haciendo que se sobresaltara, la giró sobre su eje y la besó largamente.

Lily echó hacia atrás su cabeza y rió. Era una perfecta bienvenida: Rod vestido con ropas de trabajo, con la mezcla perfecta entre los olores de la naturaleza y de macho que quiere poseer a su hembra.

-          ¿Disfrutando de mi fruta, pequeña ladrona?

Un brillo especial había en los ojos de Rod, ese brillo que acompaña a la cacería.

Lily tomó otra cereza y la llevó a su boca sin dejar de mirar a los ojos de Rod y sin decir ni una sola palabra. Entonces Rod impulsado por el deseo que lo consumía desde el minuto que vio desde lejos la diminuta figura de Lily deslizarse por la hilera de cerezos, tomó una cereza madura, la apretó en su mano y luego la pasó por los labios de Lily para luego besarla apasionadamente.

El sabor de la fruta madura entre sus labios mezclada con el olor de Rod provocó que Lily sintiera el impulso inmediato de arrodillarse frente a ese hombre y tomar entre sus manos lo que consideraba suyo. Pero se detuvo.

Lentamente Rod comenzó a besar su cuello mientras desabrochaba los botones de su blusa, quitó el pequeño corpiño y tomó en sus manos esos senos con pezones turgentes que venían a él en sueños. Tomó más cerezas que estrujó en sus manos y luego masajeó los senos de Lily para terminar pasando su lengua suavemente por cada uno de ellos, los lamía y mordía suavemente provocando en Lily oleadas de placer.

Lily trataba de contener los gemidos que pugnaban por salir de su garganta cada vez que Rod mordía uno de sus pezones. Los hombres no saben cuánto placer provocan esos pequeños mordiscos, a veces se toman los pezones con demasiada delicadeza, pensaba Lily, mientras alababa que Rod fuera un poco más  brusco que los típicos amantes citadinos.

Rod hundió su mirada en los verdes ojos de Lily y comenzó a soltar su cinturón, invitando a Lily a continuar. Se arrodilló frente a él y terminó el trabajo. Lily vio el glande hinchado por el deseo y pasó su lengua por él haciendo círculos a su alrededor haciendo gemir a Rod de deseo.

Rod puso en la mano de Lily algunas cerezas, comprendió lo que quería, las aplastó y masajeó el miembro viril que se le presentaba como la mejor de las frutas, lamió la fruta a su alrededor, lo introdujo lentamente en su  boca para saborearlo hasta el fondo y luego seguió con suaves movimientos de adentro hacia fuera, levantaba su pene para alcanzar con su lengua la parte más baja y pasaba a chupar sus bolas sabrosas a cereza, con una mano lo masajeaba mientras apretaba con sus labios ese glande que la tenía loca mientras para luego con la otra mano masajear los glúteos de Rod, en un impulso salvaje trató de penetrarlo con uno de sus dedos en el ano pero temió que él se asustara, hizo círculos a su alrededor sabiendo el placer que él estaba sintiendo con esos movimientos.

De pronto Rod le tomó las manos y la detuvo, Lily se paró y comprendió lo que quería, se dio la vuelta y lentamente comenzó a desabrochar su jeans, lo bajó lentamente para que Rod pudiera disfrutar uno a uno sus movimientos, pero no alcanzó a quitarse la diminuta ropa interior cuando Rod transformado en un animal la levantó por la cintura y literalmente la colgó del árbol.

Lily colgaba algo incómoda hasta que Rod abrió sus piernas, las apoyó sobre sus hombros y comenzó a lamer su ropa interior que ya estaba impregnada con su olor. En esa posición era difícil escapar pensó Lily, mientras sus gemidos comenzaron a llenar el ambiente una vez que Rod había hecho a un lado la tela y hábilmente pasaba su dedo masajeando el clítoris hinchado ya por el deseo. Mordisqueaba sus labios con la misma intensidad que mordisqueaba el clítoris de Lily, haciendo más fuertes sus gemidos. Suavemente introdujo un dedo y luego otro, los movía hábilmente dentro de la cavidad de Lily, finalmente introdujo un tercero con lo que Lily enloqueció.

Comenzó a suplicar y a rogar para que se detuviera, no quería acabar tan pronto, quería disfrutarlo dentro de ella, quería sentarse sobre él y cabalgar en un viaje maravilloso lleno de sensaciones.

Estaba a punto de llegar al éxtasis cuando Rod se detuvo y la bajó, la apoyó contra el árbol para comenzar a embestirla. Lily estaba lista, sólo un par de embestidas más y todo acabaría, pero Rod no quería eso, apenas sentía que Lily iba a terminar, se detenía y con su mano masajeaba su vientre haciendo gritar a Lily de frustración por no poder acabar

-          No gatita, aún no…

Le susurraba en el oído, mientras las oleadas de placer iban y venían en el bajo vientre de Lily.

De pronto Rod se dio cuenta que él tampoco iba a durar mucho más, sentía la humedad y el calor de la cavidad de Lily, sentía las pequeñas contracciones que iban y venían que lo estimulaban, de pronto supo que ya era suficiente, echó adelante su cabeza lo que aprovechó Lily para tomar con sus labios su oreja derecha, la embistió con fuerza, no midió esa fuerza inmensa que tenía acumulada.

Lily sintió esta última embestida y gritó mientras todo acababa en un suave susurro en su oído “Perdóname” Lily no entendió lo que quiso decir Rod hasta que vio su ropa interior rota en el suelo y su espalda rasmillada por el roce en la corteza del árbol.

lunes, marzo 12, 2012

Noche para Tres

- Vamos, te lo voy a presentar

Se sentó en el asiento del auto mientras su amiga Caro dirigía una mirada furtiva hacia la casa de sus tías quienes las despedían rogando que tuvieran un buen viaje de regreso a Santiago.

- Te advierto, tienes que tener cuidado con Rod


Las advertencias estaban de más, Lily estaba acostumbrada a tener que lidiar con patanes y hombres que se le acercaban por una sola razón. Trataba de ocultar lo más que podía ese instinto animal que los hombres percibían en ella. El deseo la consumía por dentro, en sus sueños, en sus pesadillas, durante todo el día no pasaba más de una hora sin que ella se detuviera a pensar en sexo.

- ¿Estás segura que es por aquí?

Habían recorrido ya un buen tramo de un camino de tierra rodeado de plantaciones y Caro no daba con la casa, existía la posibilidad que no diera con ella pues todo había cambiado después del terremoto hacía ya dos años y Caro no iba a esa casa desde hacía ya mucho tiempo.

Se detuvieron frente a una casona antigua, aparentemente esa era la casa. Entraron en el auto pero parecía que no había nadie. Caro golpeó la puerta varias veces mientras Lily permanecía de pie junto al auto. El viento era agradable, el sol de la tarde golpeaba su rostro pero no le molestaba.

De pronto el viento trajo a ella voces a lo lejos.

- Mira por el costado, sentí voces desde ese lado

Caro se encaminó al otro lado de la casa y pronto se sintió las risas. Lo habían encontrado.

Lily vio acercarse un hombre alto y sonriente. Se levantó los lentes oscuros para verlo mejor y su sangre dio un salto en su estómago. Era lo que ella esperaba: alto, las canas ya habían comenzado a aparecer en sus sienes, un hombre interesante… muy interesante.

Pasaron al corredor preparado como pequeño salón y comenzaron a conversar. Caro y Rod tenían mucho que hablar y Lily sólo se limitaba a escuchar la conversación.

- ¿Ustedes están apuradas?

El viaje terminaba ese día, pero no era necesario volver ese mismo día por lo que decidieron quedarse. Rod era un buen anfitrión, fueron al pueblo a comprar algunas cosas para comer algo juntos y regresaron al campo.

La fogata bajo los árboles y el olor a la carne que se asaba lentamente traían a su mente muchas ideas, sentimientos que eran aumentados por el dulce sabor de un vino que desaparecía rápidamente en sus labios.

Sus ojos se detenían a veces en los de Rod provocando diversas sensaciones ¿Cómo sería pasar la noche con ese hombre? ¿Sería tan perturbador como ese par de ojos negros que a cada cierto rato se detenían en ella?

Caro hablaba y hablaba, dejando a Lily sumida en el silencio, incluso a veces haciéndola sentir torpe pues poco podía aportar en ella.

De pronto Caro se levantó y decidió entrar en la casa mientras Rod iba en busca de una tercera botella de vino, el sol ya se había entrado y la luna llena se asomaba ya por la cordillera.

Se demoraron no más de cinco minutos “¿Se notó mucho?” le preguntó Caro, dejando entrever que ya algo había entre ella y Rod. Lily rió porque no pensó que su amiga fuese tan evidente. “Se demoró muy poco” cinco minutos es muy poco para ella, Lily necesitaba más tiempo para sólo darse un par de besos.

Siguieron comiendo y tomando, de pronto Rod se levantó pidió permiso e internó a Caro en la oscuridad de la noche. Volvió a sentirse algo tonta, ahí sola, en un lugar que no era el de ella.

Al regreso Caro entró nuevamente en la casa y la dejó sola con Rod, comenzaron a hablar un poco de ella y un poco de él. Hasta que de pronto él se levantó y le dijo “Acompáñame”

-         ¿Para qué? Ya tuviste a Caro… no creo que me necesites a mí.
-         Acompáñame…

Esta vez no se pudo negar, su corazón latía y sentía el deseo desbordándose por su piel. Caminaron un tramo del camino, de pronto él la tomó y sin decir nada, sin siquiera una caricia o un beso él la tomó por la cintura y rápidamente desabrochó su pantalón y la puso contra la cerca.

Lily no alcanzó a decir nada cuando sintió la primera embestida, furiosa, salvaje, como si llevara mucho tiempo esperando por ese momento. Tuvo que hacer esfuerzos para que sus gemidos no salieran de su garganta y no alertaran a Caro de lo que estaba pasando, de pronto sintió la esperada explosión en sus entrañas. Algo exhausta se dio vuelta para arrodillarse frente a él y poner en su boca su miembro.

Era tal como lo había sentido: grande, sabroso, el olor de su piel se confundía con los de la naturaleza y la luz de la luna a sus espaldas no dejaban que ella viera su mirada.

La levantó y la volvió a poner contra la cerca para continuar con su faena, el dolor mezclado con el placer y los intentos porque sus gemidos no se escaparan hicieron que Lily hundiera su mano derecha entre las espinas de una rosa, era su salvavidas para no gritar de placer por segunda vez.

Deben haber estado unos 15 a 20 minutos según lo que ella calculó, a su regreso Caro no estaba. Rod fue a ver dentro de la casa y encontró a Caro durmiendo en un sofá en el corredor.

Continuaron tomando y hablando apenas unos pocos minutos más cuando él la invitó a su cama a dormir. Lily no lo pensó mucho, se levantó y fue tras él.

La habitación estaba al lado del corredor y no tenía puerta. Rod aún no terminaba de arreglar la casona de sus padres que ahora le pertenecía y una de las cosas que faltaban eran las puertas en los dormitorios.

Rápidamente se sacaron la ropa y se tumbaron en la cama. Rod quería un masaje en la espalda y a Lily le encantaba hacerlo, siempre le había gustado tener el placer de pasar sus pequeñas manos por la espalda de un hombre fuerte, sentir sus músculos distenderse lentamente hasta que el cansancio lo hizo dormir. O por lo menos eso pensó ella.

A penas se acomodó a su lado él la atrajo hacia él penetrándola nuevamente. No necesitaba que él hiciera ningún juego extra, hacía mucho rato que el deseo la inundaba y lo único que quería era sentir su gran miembro dentro de ella, empujando una y otra vez, buscando en su interior el punto exacto donde hacerla estallar.

Una, dos, tres… Lily perdió la cuenta de sus orgasmos, siempre había sido así: una pequeña gatita multiorgásmica, una vez que comenzaba, le costaba detenerse.

Durmió a su lado, sintiendo los ruidos de la noche, cada crujido la hacía abrir los ojos y sentir como Rod la mantenía abrazada mientras dormía. De pronto los pasos de Caro hicieron que se tensara su cuerpo. Sintió que la había traicionado.

Caro entró a la habitación y los vio dormidos, abrazados y desnudos. “Maldición, esta puta me ganó” se encaminó hacia otra habitación mientras pensaba cómo vengarse de Lily.

Podría dejarla abandonada en ese pueblo, podría humillarla frente a Rod, podría hacer muchas cosas… sus pensamientos iban y venían hasta que finalmente se quedó dormida.

De pronto un movimiento en la cama hizo que Lily se despertara, las manos de Rod la acariciaban, tomaban sus pechos y los apretaba repetidas veces, luego sus manos bajaron hasta su sexo y ella sintió nuevamente la primera embestida.

Con fuerza, una y otra vez, adentro y afuera, ella tenía pequeños orgasmos mientras el interior de su vagina apretaba su miembro provocando oleadas de placer. La puso boca arriba y cubrió su cuerpo con el de él mientras seguía moviéndose frenéticamente a un compás que cambiaba tan frenéticamente como sus ganas. Rod tomó una pierna de Lily y la levantó para poder entrar con más fuerza, el placer era inmenso, casi incontrolable.

El reloj despertador sonó con fuerza, Lily lo tomó y trató de apagarlo pero no pudo, unos minutos más tarde volvió a sonar y se lo pasó a Rod para que lo detuviera. Se acomodó a su lado para seguir descansando pero Rod quería más, necesitaba sentir nuevamente el calor de Lily en su miembro.

Se arrodilló de espalda a ella y la obligó a poner sus caderas en alto mientras hundía su cabeza en las almohadas, Rod comenzó nuevamente a embestirla con fuerza mientras Lily ahogaba sus gemidos en el colchón. Lily quería que la golpeara en las nalgas, siempre le gustó esa posición, siempre le había gustado que en el paroxismo y el desenfreno del sexo la golpearan, pero él no lo hizo.

Se arrulló a su lado y siguieron durmiendo un rato más, hasta que de pronto los pasos de Caro por el pasillo hicieron que volviera a despertarse.

Rod se incorporó en la cama y la invitó a acostarse a su lado, no habían pasado más de cinco minutos cuando Lily se dio cuenta que Rod comenzaba a embestir a Caro al lado suyo. No supo reaccionar, no se movió mientras sentía a Rod moverse acompasadamente mientras la respiración de Caro iba en aumento. De pronto sintió como la mano de Rod se deslizaba por su cadera hasta llegar a su clítoris, hundió repetidamente sus dedos en su vagina, haciendo que Lily comenzara a moverse acompasadamente al mismo ritmo de él y de Caro.

La mano de Rod seguía en uno de sus senos y lo apretaba repetidas veces, haciendo que Lily no se moviera, el deseo crecía dentro de ella así como la turbación que le provocaba escuchar el sonido de la boca de Caro en el miembro de Rod, ese sonido inconfundible del sexo oral la excitaba lo suficiente como para que se diera vuelta y comenzara a besarlo en la boca.

Él la miró “Chúpamelo” le dijo en un susurro a lo que Lily se negó. Una parte de ella quería entrar en el juego. Se dio vuelta en el preciso instante que Caro se acomodaba al lado de él para descansar, Rod se dio media vuelta, la tomó por la cintura y comenzó a penetrar nuevamente a Lily.

Sus sentimientos encontrados hacían que Lily no supiera bien qué hacer, simplemente se dejó llevar por el compás que exigía Rod, cada cierto tiempo la embestía con más fuerza, haciéndola encontrar el éxtasis.

Después de una pausa Caro se levantó para llamar por teléfono y dar instrucciones a su empleada en Santiago.

Rod estaba boca abajo y Lily comenzó a acariciar su espalda, comenzó a bajar lentamente hacia sus nalgas, su mano recorría ese cuerpo que ahora nuevamente le pertenecía solo a ella. Le pidió que se diera vuelta y pudo ver una sonrisa en los labios de Rod, su lengua comenzó a recorrer su pecho, se detuvo en uno de sus pezones y lo mordió suavemente para continuar bajando hasta su miembro aún erecto frente a ella.

Su lengua rozó la punta muy suave, lo estimulaba sólo con la lengua, de abajo hacia arriba y viceversa, metió en su boca una de sus bolas mientras percibía el olor a sexo que inundaba la habitación. Sin usar las manos metió el miembro de Rod en su boca y lo fue saboreando lentamente, su lengua presionaba el freno del prepucio, los gemidos de Rod la empujaban a continuar con más fuerza. Giraba su boca alrededor de su miembro, apretándolo suavemente con sus labios. Lo montó rápidamente haciendo girar sus caderas, urgiéndolo cada vez que se levantaba para qué él buscara su centro.

Sus caderas se movían salvaje sobre él mientras veía la expresión de deseo en su rostro, cuando sintió un nuevo orgasmo, puso su mano bajo la nuca de él para atraerlo y poder saborear su oreja mientras no paraba de moverse. Al segundo orgasmo se dejó caer a su lado, justo en el momento que Caro volvía a entrar a la habitación.

-         Estoy preparándome para volver a Santiago, no sé si te quieres quedar o te vas conmigo…

Lily inmediatamente dijo que se iba con ella, había un tono que no le había gustado y prefería irse antes que quedarse ahí para luego ser objeto de murmullos. Lily ya no estaba para esas cosas.

Se levantó y se fue al baño, sabiendo que Caro iba a terminar la faena que ella ya había comenzado.

Apenas salió de la habitación, Caro comenzó a acariciar el miembro aún erecto de Rod, su boca buscó la de él, hambrienta y celosa dejó que Rod la penetrara una y otra vez hasta que sintió que Lily salía del baño.

Ya en la carretera el silencio entre ambas se hacía a ratos insoportable, hasta que Caro rompió el silencio y le preguntó “¿Te dio su teléfono?” Lily sabía que Caro había dejado todos sus datos personales anotados en un papel en la mesa del comedor para que Rod se pusiera en contacto con ella, sabía que su amiga estaba celosa.

-         No ¿para qué?

Fue la escueta respuesta de Lily, no quería ahondar en el asunto. Volvió su cara hacia la ventana mientras una sonrisa se dibujaba en su cara. En el momento de la despedida había deslizado en el bolsillo del pantalón de Rod su dirección de correo.

jueves, enero 05, 2012

Los Juguetes

Se había sentido excitada todo el día, tenía muchas ganas de encontrarse con alguien que se la llevara a la cama, le abriera las piernas con delicadeza y la embistiera con brutalidad.

Los buenos amantes se habían vuelto escasos, ya no se encontraban fácil como antes, otra vez se tendría que conformar con sus juguetes.

Hace años había comprado un vibrador, cada vez que lo veía entendía por qué no se conformaba con nadie, era demasiado grande comparado con el promedio normal. Encontrarse uno así de carne y hueso no sería fácil. También tenía un vibrador más pequeño para uso anal. Se volvía loca con ambos en la cama y esa noche no sería la excepción.

Esperó a que la noche estuviera quieta para sacar sus juguetes, los puso sobre la mesita del velador mientras buscaba la cámara. Quería ver la última video grabación que había hecho con su amigo intimo donde él la embestía duramente. Esa imagen la excitaba, escuchar los gemidos de ambos llenando la habitación la dejaban rápidamente con la entrepierna mojada.

Se quitó lentamente la ropa, como si alguien la estuviese mirando, coqueteando frente a ese nadie y tocando sus pezones que comenzaban a endurecerse.

Levantó una pierna y la apoyó en la cama para poder llegar con mayor facilidad a su sexo, acarició su clítoris mojado y luego llevó esos jugos a su boca, el olor y el sabor la excitaron más. Estuvo tentada en comenzar a introducirse el vibrador más grande, pero significaría que acabaría pronto. Se detuvo un momento para encender la cámara y ver las imágenes.

El sonido, era eso lo que más la excitaba, más que las imágenes.

Se acostó boca arriba y comenzó a explorar su sexo, siempre lo hacía como si fuera la primera vez. Introdujo lentamente un dedo y sintió su calor. Luego introdujo dos dedos y los movió lentamente en su interior.

Al sacarlos los pasó suavemente por su ano, haciendo círculos sobre él, tratando de dilatarlo poco a poco, preparándolo lentamente a lo que venía.

Tomó el vibrador más pequeño y le puso un poco de gel íntimo, lo acarició para esparcirlo mientras sus piernas se movían de un lado a otro, con impaciencia, esperando ansiosa por lo que venía. Puso sus piernas de lado y comenzó a introducirlo por su ano lentamente, un poco adentro, luego un poco afuera, hasta que quedó completamente adentro.

El placer de la sensación la tenía vuelta loca, quería eso y mucho más.

Lentamente abrió sus piernas e introdujo el vibrador más grande en su vagina y lo encendió primero lentamente, luego más rápido, sus gemidos se comenzaron a escuchar por la habitación mientras hábilmente no dejaba que ninguno de los dos vibradores escaparan a su posición, dándose placer una y otra vez, hundiéndolos y soltándolos, moviéndolos de un lado para el otro hasta conseguir el éxtasis.
Las oleadas de placer inundaron su ser, con su mano sintió cómo su clítoris se hinchaba y la explosión fue sublime, tan sublime que después del placer máximo, seguía sintiendo puntadas mezcla de placer y dolor en el clítoris.

Exhausta apenas pudo sacarse sus juguetes para dejarlos en la mesita y darse vuelta a dormir.

martes, diciembre 27, 2011

Viejos Amigos


El calor de la tarde aún se hacía sentir cuando estacionó el vehículo fuera del edificio. La moto ya estaba en su lugar, señal que podía anunciarse y subir.

Se habían pasado la tarde enviándose picantes correos sobre lo que ella quería hacerle y sobre lo que él esperaba que ella le hiciera.

Entró sintiendo al caminar como su sexo estaba listo y dispuesto a lo que venía. El conserje la miró, ya estaba acostumbrado a anunciarla y verla salir apenas 15 minutos después con el pelo algo desordenado.

Subió las escaleras y una niña lloraba “Maldición!” pensó, ese tipo de episodio podría bajarle la libido que estaba en su punto máximo después de haberse estado toqueteando en cada semáforo rojo.

Él abrió la puerta y ella no lo saludó, ni siquiera lo besó, se abalanzó como loca a su pantalón y lo tocó. Estaba duro y erecto, tal cual ella lo esperaba.

Rápidamente soltó su cinturón y comenzó a despojarlo de su ropa. Se arrodilló sin que él se lo pidiera e introdujo esa tremenda polla en su boca, con ganas, con ansias, como si fuese un vagabundo perdido en el desierto que encuentra su oasis.

Los gemidos de él no tardaron en venir “¿Quién es mi puta?” preguntaba mientras ella no se detenía a responder. Quería comerlo entero, quería sentir ese olor en su cara.

De pronto él la obligó a detenerse, iba a acabar… “aún no” pensó, pero esos no eran los planes que él tenía para ella, no todavía.

La obligó a pararse y la tiró a horcajadas boca abajo sobre la mesa mientras le bajaba la ropa interior “¿Esto es lo que querías, verdad?” le gritaba al oído mientras la primera embestida le robó un grito ahogado. “¿Esto es lo que te gusta, verdad?” mientras seguía golpeándola una y otra vez hasta hacerla acabar.

Exhausta, se volvió a arrodillar frente a él para terminar la faena. Lo succionaba con ganas, como si fuera su trofeo. Lo metía hasta el fondo de su garganta, pasaba la lengua por su glande dándole suaves golpecitos. Hasta que de pronto él la empujó un poco hacia atrás. Ella permaneció con la boca abierta esperando ese delicioso líquido caliente.

Tenía un sabor agridulce que ella ya conocía, el semen saltaba dentro de su boca “Hoy es más que la semana pasada” pensó, mientras caía en su boca, su cara y sobre sus senos. Mientras él gemía de placer al ver como ella jugaba con su semen en la boca, con sus manos recogía lo que había caído sobre sus senos para llevárselo a la boca y disfrutar de ese calor y ese olor que la acompañaba hasta el anochecer.

Rápidamente se incorporaron, recogieron la ropa tirada por todo el comedor, se vistieron y sólo en ese instante se saludaron como los dos viejos amigos que eran.

jueves, febrero 24, 2011

Un Paseo

Quiero dar un paseo por tu cuerpo, un paseo que me lleve hasta los lugares más recónditos y descubrir miles de fuentes de placer.

Arrodillarme frente a ti, acariciar tus nalgas firmes, sentir tu timidez ante mis manos ávidas de tu cuerpo.

No me resisto y el sonido de un par de fuertes nalgadas cruzan el aire, seguidas por un pequeño gemido que escapa de tu boca.

Mi boca no se demora en acercarse para acabar con el escozor, mi lengua traza círculos por tus nalgas mientras mis manos alcanzan tu pene ya erecto.

Mi lengua no se cansa de sentir el sabor de tu piel, sentir el calor bajo las palmas de mis manos mientras lentamente vas girando para dejarme tu orgulloso pene justo frente a mi boca.

La vista de tu órgano provoca pequeños espasmos en mi clítoris al imaginar todo el placer que me entregará. Pero primero es mi turno de entregarte placer.

Abro mi boca mientras con mis ojos busco los tuyos, quiero ver tu cara de placer al sentir el calor y la humedad de mi lengua que juega por la punta de tu pene. Lo introduzco casi completo, subo y bajo, una y otra vez, urgiéndote a moverte acompasadamente siguiendo el ritmo de mi boca.

Mis manos buscan debajo de tu pene, te recorren y oprimen levemente tus bolas. Mientras me voy lubricando rápidamente y sintiendo cada vez más ganas de sentirte dentro de mí.

De pronto me jalas hacia atrás, sé que ya es el momento y abro mi boca lo más que puedo, tu semen comienza a caer sobre mi lengua mientras trato de no perderme ninguna gota de este tibio líquido de sabor indescriptible que baja por mi garganta.

Sabes que eso para mí no es suficiente, limpias mi boca con tu mano mientras con la otra me incorporas, me das vuelta y de una palmada me mandas al baño a lavarme mientras descansas un poco para continuar.

Regreso a los pocos minutos, estas tendido sobre la cama de sábanas blancas esperando por mi cuerpo. Mi cuerpo te desea, mis ojos se clavan en tu sexo, esperando verlo más erguido para poder montarte.

Acerco mis senos a tu boca que gustosa recibe el regalo de sus botones erguidos. Los tomas suavemente entre tus labios y los oprimes lentamente mientras tu lengua los repasa enérgicamente.

Mi mano baja por tu cuerpo hasta llegar a tu pene y comprobar así que ya estás dispuesto a sentirte dentro de mí.

Ansiosa abro mis piernas y me dejo caer lentamente, sintiendo como comienzas a penetrarme suavemente para luego comenzar en un movimiento rotatorio de mis caderas mientras subo y bajo.

El placer no tarda en llegar y hacerme explotar mientras miro tus ojos entrecerrados disfrutar el momento. Una sonrisa de placer se instala en mi cara, mientras bajo un poco la energía de mis movimientos para recuperarme y continuar un poco más.

Un poco más adentro, siempre un poco más adentro, luego afuera, sintiendo mis senos balancearse a un ritmo frenético, rozando a veces levemente tu pecho.
Un segundo orgasmo y decides cambiar de posición.

Me encanta sentir tus embestidas desde atrás, pero esta vez lo haces diferente. Me obligas a bajar la cabeza hasta las sábanas y dejas sólo mi cola en alto, no te mueves y me pides a mí que lo haga.

Nunca había sentido un orgasmo como ese… ha sido lo más parecido a los orgasmos que me provoco yo misma estando sola.

miércoles, noviembre 10, 2010

El Inicio

El final del día se acercaba, era ya casi la hora de salir y tenía una cita a ciegas: era alguien que no conocía en persona, pero que llevaba un tiempo hablando con él a través de la web. Nos íbamos a juntar cerca de mi trabajo pues su departamento quedaba a pocas cuadras.

Crucé el río impaciente, había sido uno de esos extraños días de sol en pleno invierno, de esos días que uno añora mirando por la ventana mientras llueve, por lo que la temperatura era inusualmente más alta a esa hora.

Él estaba ahí, de pie mirando y buscándo con la mirada, tratando de reconocerme entre la multitud. No sé si lo reconocí yo primero o no, pero lo cierto fue que de pronto nuestras miradas se cruzaron, sonreímos y nos fuimos caminando por la calle a tomar un trago.

Pasamos un par de hora conversando y riendo, hasta que miré mi reloj y le dije que me iba a casa. "Espera - me dijo - vamos a mi departamento y luego te voy a dejar al auto"

Acepté sabiendo que su invitación tenía un doble propósito. Pero lo acepté. Hacía mucho tiempo que no estaba con un hombre y necesitaba volver a sentir.

Su departamento era pequeño, de esos típicos de hombres solteros. Me senté en un sillón mientras me preparaba un café. Lo sorbí lentamente mientras lo miraba, no sé qué me decía, sólo observaba.

Se me acabó el café, dejé la taza en la mesa, entonces él se acercó y comenzó a besarme. Primero lentamente, luego fuimos aumentando de intensidad. Su lengua entraba en mi boca buscando el néctar de mis besos y yo dejaba que me acariciara sin pudores.

¿A quién le podría hacer daño un simple touch'n go?

Se levantó frente a mi, lo miré a los ojos y busqué su cinturón. Lentamente comencé a desabrocharlo, luego fue el turno de sus pantalones. En pocos instantes tenía frente a mi su falo erecto, rosado, lo suficientemente grande como para que no entrara por completo en mi boca.

Ávida de tenerlo comencé a chuparlo, lentamente pero a la vez firme. Mis manos jugaban con él mientras mi lengua lo recorría completo. Traté de introducirlo completo en mi boca pero no pude, sus roncos gemidos despertaban mi pasión a cada embestida que le daba con mi boca. De pronto se echó para atrás y acabó con fuerza.

"Vamos a la cama" Susurró en mi oído.

Sin pudores me quité la ropa y me metí en su cama.

Comenzó a acariciarme lentamente, primero mi cabeza, luego puso su mano en mi cuello y lo apretó suavemente. Cuando llegó a mis pezones instintivamente abrí un poco más mis piernas, sabía que pronto llegaría hasta mi templo y el placer sería infinito.

Su lengua comenzó a rozar mis pezones, los alternaba para luego morderlos suavemente. Mientras yo le acariciaba la cabeza y su espalda.

Siguió bajando hasta llegar a mi clítoris. "Abre más las piernas" ordenó. Hundió su cabeza en mi tan rápidamente que me hizo gritar de asombro, para luego pasar del asombro al placer.

Su lengua experta se paseaba a lo largo de mi vulva, tomando el clítoris y haciendo círculos alrededor de él. Puso uno de sus dedos en la entrada de mi vagina mientras mordía mi clítoris. Quería más, quería tenerlo dentro.

Como si leyera mis pensamientos se incorporó, sin decirme ninguna palabra hizo que me pusiera con mi cola bien parada. Metió uno de sus dedos primero, luego dos, hasta que de pronto sentí su primera embestida.

Mis gritos de placer llenaron la habitación. Podía ver a través de mis piernas las suyas y sus bolas como se balanceaban hasta chocar contra mi cuerpo. Tomó mi pelo y me obligó a levantar la cabeza mientras sentía sus gemidos confundiéndose con los míos.

Le pedí que me diera de nalgadas, primero fueron unas palmadas suaves que fueron subiendo de intensidad al igual que el deseo y placer que me iba inundando.

De pronto supe que iba a llegar a mi climax, mis caderas comenzaron una loca carrera contra las suyas hasta que exploté de placer. Él no se demoró mucho más y explotó dentro de mí.

Tendida en la cama boca arriba se puso de lado, su mano tomó mi garganta y me dijo "Ahora eres mía"

Supe que ese era sólo el inicio de muchas veladas más en ese departamento.

miércoles, marzo 24, 2010

Atrevete

Atrévete de una vez a tomarme por los hombres y acercarme a tu cuerpo, no como un amigo que consuela, sino como un amante. Hombre dominante, que hace conmigo lo que desea.

Te miro y deseo atreverme a llegar con mis manos hasta tu bragueta, bajarla lentamente mientras miro directo a tus ojos que penetran los míos, desnudándome antes de tiempo.

Tu piel cálida emana aún más calor haciendo que de ella salga un aroma que me me provoca sensaciones, ahí, donde una mujer esconde su sexo.

Tus rugidos de león en celo me hacen sonreír y me atrevo a ir más allá, bajando aún más mis manos para tocarte a mi antojo.

Tu boca, ávida de mis labios, buscan este oasis que sólo sabe sonreír, mientras mis pezones se erizan, como dos picos cordilleranos.

Tus manos alcanzan mis senos, presionan mis pezones, mis gemidos no tardan en venir e irrumpen en el silencio de esta habitación.

Tu boca muerde mi cuello, adora mis hombros y se posan suavemente en mis pezones, uno primero, el otro después, mientras tus manos juguetonas tiran suavemente del pezón que tu boca a dejado de lado.

Me siento húmeda, con ganas de ponerle fin a este juego. Pero aún no es tiempo.

Por fin me atrevo.

Logro recostarte en la cama para poder adorar tu cuerpo desnudo ya. Mi boca recorre tu cuello mientras tus manos intentan tocarme, bajo por tu tórax con mi lengua, me detengo de tiempo en tiempo para observar tu desnudez y la recompensa que me espera más abajo.

Tu ombligo se contrae al sentir mi boca en él, tu piel se eriza al saber que pronto llegaré al final.

Me tomo mi tiempo para besar tus muslos, acariciar suavemente tu pene, erecto frente a mi, desafiante, mientras intentas levantar la cabeza. Quieres mirar, pero el deseo es más fuerte que tu y la dejas caer.

Sonrío, mientras voy introduciendo suavemente tu pene en mi boca. Lanzas una exclamación al darte cuenta cuan adentro de mi boca puedes estar. Con mi mano ayudo a que entre cada vez más, hago presión, suspiras un poco más fuerte. Te toco como siempre quise hacerlo, recorro con mi lengua su largo y bajo aún más, nuevos gritos ahogados salen de tu coba.

De pronto saltas como un león, me pones de espalda y tiras violentamente de mi cabello. Un grito de sorpresa y excitación sale de mi boca mientras me embistes con fuerza. lentamente vas soltando un poco mi pelo lo que me deja con un poco más de libertad para moverme a mi antojo.

Bajo una mano para sentir como me penetras, el calor es ya insoportable y te siento venir.

Me abandono a mis instintos más básicos y dejo que acabes en mi interior, como una gran explosión.

Exhausta te miro, preguntándome en cuanto rato más te atreverás nuevamente.